EL MURO FRONTERIZO:
UNA PRUEBA DEL FRACASO DEL
GOBIERNO MEXICANO
(Revista
"Progreso: una misma lengua, un solo pueblo." Volumen 1, año 2007, pp.
10-11,
Utah, E.U.A.)
Autor: Paulino Arreola Arreola
Cuando niño, mis maestros me enseñaron que
desde la antigüedad los países delimitaban sus fronteras aprovechando la
geografía natural. Así aprendí que un río puede ser la frontera entre dos
países, que la línea que une dos cerros marca el inicio y el término de un
territorio.
Luego aprendí que las bardas y las alambradas
delimitan parcelas y que una barda indica la división entre el terreno del
vecino y el mío. También aprendí que algunas ciudades y países construyeron
murallas para protegerse de los ataques de tribus o países enemigos, tal fue el
caso de la muralla China y otros muros famosos que se mencionan tanto en la
historia universal como en la mitología.
Recientemente, entre México y los Estados
Unidos de América se ha empezado a construir un muro que a la postre cubrirá
toda la frontera común desde Baja California hasta Tamaulipas. En este caso, E.
U. A. no construye el muro para protegerse de un posible ataque militar desde
México, sino para evitar la migración humana ilegal que masivamente va al norte
en busca de mejores oportunidades de vida.
Los ilegales cruzan la frontera a través de
México porque van huyendo de la represión en sus países, de las dictaduras, de
la pobreza extrema, etc. La mayoría de aquellos, cruza hacia el norte en la
búsqueda de mejores oportunidades de progreso para satisfacer sus muy
particulares aspiraciones. Ellos emigran desde sus regiones porque van en la
búsqueda de una vida digna que no encuentran en sus lugares de origen.
Ninguno de mis vecinos se ha molestado jamás a
causa de que yo decidí cercar el terreno que circunda mi casa y tampoco dijeron
nada cuando le construí un metro más de altura a la barda. Nadie se ha quejado
jamás porque en algunos fraccionamientos de nuestras ciudades han construido
muros altos para procurar más seguridad a sus habitantes.
Sin embargo, cuando nuestro vecino del norte,
con todo el derecho que le asiste como país autónomo que es y en un ejercicio
pleno de soberanía, decidió empezar a construir en su territorio el famoso muro
“de la vergüenza”, el gobierno Mexicano se rasgó las vestiduras contra la medida
y ha empezado una fuerte campaña para protestar y hasta pretende lograr que tal
construcción no se lleve a cabo pretextando la violación a los derechos humanos
de los inmigrantes ilegales.
El muro fronterizo que se construye, en
realidad lo hemos propiciado nosotros y nuestros gobernantes con nuestra
ineptitud para ser autosuficientes. El problema binacional que en el transcurso
de la historia de ambos países se ha generado no es pues culpa de los vecinos
del norte, sino de nosotros mismos, los mexicanos.
Si los campesinos mexicanos fuesen dueños de
sus tierras y tuviesen recursos suficientes para cultivarlas; si fuésemos
autosuficientes para alimentarnos y aún para exportar alimento; si los obreros
tuviesen un salario digno y mejores prestaciones; si pudiésemos en México
adquirir productos de la mejor calidad al mejor precio; si tuviésemos un sistema
de salud eficiente y un acceso a la educación para todos los que decidan
superarse; si nuestros profesionistas estuviesen bien remunerados en nuestra
patria; si a los intelectuales no se les tratase como peones; si no hubiese
corrupción en las instituciones gubernamentales; si no hubiese violencia y
peligro en la mayoría de nuestras regiones; si todo lo que buscamos en el norte
lo tuviésemos en nuestra propia patria, ¿habría alguna razón para ir al norte?
Claro que no. En tal caso, ni siquiera nos enteraríamos que el presidente George
Bush está construyendo el muro, o quizás hasta le venderíamos el material de
construcción a bajo costo.
Cuando el gobierno mexicano y algunas de
nuestras organizaciones civiles e instituciones nacionales se quejan y acusan al
gobierno americano, no están sino aceptando y reconociendo la ineptitud y el
fracaso que México ha demostrado para vivir como un país independiente. ¿Será
acaso que nuestro fracaso nos ha llevado inevitablemente al punto de no retorno
para convertirnos a la postre en un país eternamente dependiente de los Estados
Unidos de América?
Para que no nos moleste tanto si usan balas de
goma con los ilegales o si los habitantes de la frontera norte se van
convirtiendo cada vez más en caza-inmigrantes, ¿no sería más lógico ofrecer todo
lo necesario a nuestros compatriotas para que ni siquiera se les antojara salir
de su patria, más que como turistas?
Pero claro, como no hemos podido triunfar a
plenitud como país, empezamos a culpar a Estados Unidos del mal trato que nos da
cuando vamos en busca de lo que aquí no hay. Es triste y cruel la situación que
viven nuestros compatriotas que se atreven a ir más allá de nuestra frontera
como ilegales. No pretendo negarlo, por el contrario, los compadezco y los
entiendo porque yo también en su momento fui uno de ellos.
Los ilegales no tienen la culpa ni merecen
todos los sufrimientos que enfrentan al cruzar la frontera en su lucha por
acceder y permanecer allá, en el norte. Ellos tienen todo el derecho a buscar la
felicidad y el éxito en donde se les antoje.
Pero qué triste es ver cómo nuestro gobierno
no está atacando el problema de raíz. Por el contrario, aceptando ya
abiertamente el fracaso hasta se van implementando paulatinamente maneras más
“eficientes” para que nuestros compatriotas puedan votar desde el extranjero y
se está elaborando un sistema casi perfecto para “auxiliarles” en el envío de
dinero a sus familiares en México. Es como si nuestro gobierno mexicano gritara
quedito: no importa si no pudimos retenerlos en nuestro país, en tanto sigan
enviando dinero y votando por nosotros desde donde estén.
El problema real, pues, no es si se construye
el muro o no, el problema está en que al toparnos con esa pared, nos vemos
indudablemente frente a nuestra cruda y triste realidad; la realidad que la
mayoría de nuestros gobernantes y líderes no se ha atrevido a reconocer.
Si México tuviera todo lo que los inmigrantes
ilegales buscan en Estados Unidos de América, el muro sería una preocupación
para los habitantes de aquel país cuando empiecen a ver en México lo que allá no
encuentran.
Si la construcción del muro continúa, pero
México hace lo que realmente debe hacer, la historia algún día podría ser a la
inversa. El país del norte utilizaría el muro para impedir que se le escapasen
sus habitantes hacia el sur.
Así que no debiera preocuparnos tanto dicha
construcción, sino más bien debiésemos ocuparnos en la búsqueda de las
soluciones a nuestros ya por todos conocidos problemas nacionales.
Lo importante es hacer lo necesario para que
nuestra patria ofrezca a todos sus habitantes la oportunidad de desarrollar todo
su potencial y que cada uno de nosotros pueda así ponerse en el sendero de la
búsqueda de la felicidad en nuestro propio territorio.
México (los empresarios) necesita darle empleo
bien remunerado a cada uno de sus habitantes en edad productiva. México (el
congreso de la unión) necesita legislar y (el poder judicial) aplicar las leyes
para que se valoren y respeten las diferencias individuales de cada uno de sus
ciudadanos. México (los ciudadanos) necesita aprender a no ser violento con sus
mujeres y a no abusar de sus niños. México (los sindicalizados) necesita
emplearse a fondo como si de su trabajo diario dependiera su sustento por cada
jornada que transcurre. México (los gobernantes y políticos) necesita volver a
creer en sí mismo a través de la honestidad y la vocación de servicio. México
(los campesinos) necesita volver a ser una tierra de esperanza basada en el
esfuerzo personal. México (los obreros) necesita entender la importancia de las
herramientas y las materias primas bien aprovechadas. México (los ecologistas y
cada ciudadano) necesita proteger y acrecentar sus tesoros naturales. México
(los prestadores de servicios) necesita aprender a servir con la más alta
calidad y eficiencia al nacional y al extranjero.
México no debe preocuparse por el muro
fronterizo de ningún país del mundo, porque la historia nos muestra que a la
postre todos los muros acaban por caer.
Mejor estaríamos si México se ocupase en
fomentar en sus ciudadanos los valores universales, en brindarles las
oportunidades para su crecimiento material, afectivo e intelectual, y respetar
las diferencias religiosas, económicas e ideológicas de cada uno de nosotros.
Cuando nuestra conciencia despierte del
adormecimiento que se nos ha creado con el paso de varias décadas plagadas de
gobernantes populistas, ineptos o corruptos, entonces caerá el velo de la
ignorancia, de la intolerancia y, finalmente, al derribar el muro que se ha
levantado en nuestras mentes podremos comprender que el muro de la “vergüenza”
significa vergüenza para los que hemos permitido que nuestro país se vaya
hundiendo cada vez más en la dependencia del país al que queremos culpar por
construir dicha barrera material.
Finalmente, me pronuncio por un rotundo “no”
al muro en nuestras mentes y por un rotundo “no” a culpar al extranjero por
nuestros problemas nacionales.
Posdata. La próxima semana le pondré a mi
barda de 2.5 metros de altura un alambre de púas o de navaja, porque la barda
está en mi terreno y pago predial por él. Quien desee entrar a mi casa, entrará
por la puerta principal y será bienvenido si lleva buenas intenciones.
Atentamente.
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Paulino Arreola Arreola
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