Publicado en la Sección de Cartas al Director,
página 9B,
El Heraldo de Chihuahua, miércoles 18 de julio del 2007.
Autor: Paulino Arreola Arreola
Con el “invento” de la mayoría relativa, los
partidos políticos se aseguraron de mantenerse por siempre en el poder
legislativo, así como en las presidencias municipales, en los gobiernos de los
estados, en el Distrito Federal y en la propia Presidencia de la República.
Cada vez que hay elecciones en los distritos, en los municipios, en los estados
y especialmente para acceder a la presidencia de la república, se prueba que no
gana la mayoría absoluta, sino la relativa. Revísese la historia reciente,
especialmente desde que los votos son contados con más transparencia.
Así, nuestros legisladores y gobernantes son en realidad unos perdedores, en la
mayoría de los casos. Por tanto, nos está gobernando alguien que no fue electo
por la mayoría de los ciudadanos de su circunscripción. Entonces, ¿cómo se
atreven a legislar y a gobernar a un pueblo que no los eligió?
LA MAYORÍA ABSOLUTA, especialmente en las pasadas elecciones en el estado de
Chihuahua, fue el abstencionismo. No olvidemos que la decisión de no votar es
también una opción de la democracia, por lo tanto los votos nulos y los no-votos
de los abstinentes debiesen ser contados y asignados a alguien. Lamentablemente
la legislación actual no contempla tal caso.
Como ciudadano interesado en que los gobernantes sean aquellos a quienes la
mayoría absoluta del pueblo haya dado su voto, propongo que pugnemos ante el
legislativo para que se reformen las leyes correspondientes, de tal manera que
cuando un candidato a diputado, ya sea local o federal, no obtenga la mayoría
absoluta, la silla se quede vacía.
Son 300 diputados que representan a la totalidad de los distritos del país, y
agréguele otros 200 diputados por representación proporcional (éstos últimos no
fueron electos por el pueblo, sino por sus partidos), eso nos da un total de 500
diputados. Pregúntese, amigo lector, ¿cuántos de esos 300 diputados fueron
realmente electos por mayoría absoluta?
¿Qué pasaría si en cada elección se quedaran varios escaños sin ocupar por no
haber obtenido sus candidatos la mayoría absoluta? Varias cosas. La primera
sería que el costo de mantener 500 diputados se reduciría considerablemente. La
segunda podría ser que a partir de eso, los partidos se empezarían a preocupar
realmente por convencer al pueblo de votar. Y otras más que usted, amable
lector, podrá agregar a mi corta lista.
En el momento en que los legisladores y gobernantes sean electos por mayoría
absoluta, los ciudadanos recuperarían su valor real en una democracia, pues los
candidatos y los partidos tomarían más en cuenta nuestras propuestas y
necesidades. Así, las campañas acabarían siendo realmente interesantes para
todos, porque los candidatos y sus partidos tratarían realmente de convencernos,
y nosotros de seleccionar la mejor opción. Lo que no sucede ahora, pues algunos
le apuestan al abstencionismo, ya que de cualquier manera obtendrán su mayoría
relativa, así sean 100 votos contra 99 de un total de 3000 registrados para
votar.
Para evitar el abstencionismo, una solución es pues, pugnar por las elecciones
de mayoría absoluta. Yo no extrañaría que estuviesen varias sillas vacías en el
congreso, si de todos modos nunca tienen ellos mismos la asistencia perfecta a
las sesiones, qué más da no tener diputado por nuestro distrito durante tres
años. Bien podemos esperar para ver si otro candidato nos convence al paso del
tiempo.
Si en la democracia mexicana valiera más la mayoría absoluta, hace varios
sexenios que no tendríamos presidentes de la república.
Mayoría absoluta o mayoría relativa, ahí está el dilema de la democracia.